Socorro Rosa en la cordillera neuquina

Por Mariquita F. (Patagonia)

La noche que recibí el mensaje de Adriana pidiendo ayuda no pude dormir… Es que su nombre me sonaba, y sí, como lo confirmé entre mis registros ya la había ayudado el año anterior, en agosto, cuando ella tenía tan sólo 18 años y un embarazo de 8 semanas. Ahora era distinto, era grave.

Inmediatamente me contacté con mi grupo de referencia y telefónicamente analizamos las posibilidades que había para Adriana, que cursaba la semana 23 de gestación.

No había caso, no podíamos poner en riesgo su vida!!! Esta vez tocaba acompañar de otro modo (¿la adopción quizás?).

Pero la angustia no me dejaba, no nos dejaba en realidad porque del otro lado, en otro pueblo estaba ella esperando tomar el colectivo para encontrarse conmigo. Adriana venía esperanzada porque ¿cómo podría haberle adelantado yo por teléfono lo delicado de su caso?

Bajo los árboles de la terminal de ómnibus nos reconocimos y nos abrazamos. Otra vez nos unía el aborto, el embarazo no deseado.

Se veía la ilusión en su carita, y mientras la tomaba de las manos le pregunté por qué había tardado tanto en buscarme.

Así, tomadas de las manos me contó su pasión por el fútbol, sus ganas de ser profe de educación física y su fracaso en el ingreso a la facu en Bariloche. Ella es de Junín de los Andes pero quería seguir sus sueños de profesora a pesar del desarraigo.

– No podemos- le digo -, con tantas semanas arriesgamos tu salud ¡que es precisamente lo que queremos cuidar!

Las lágrimas cayeron lentamente, irremediablemente. Toda la desazón se apoderó de ella, tan delgada y desesperanzada.

Me miró a los ojos y me dijo que haría lo mismo que había hecho su hermana mayor a los 16, quitarse la vida.

Ahí ya no pude yo. La abracé, le acaricié el pelo y busqué dentro mío cómo amarrar a esta jovencita desesperada, cómo socorrerla en la inmensidad de la vida que nos permitía encontrarnos. ¡Renegué de lo clandestino! Porque si las mujeres pudiéramos elegir a tiempo, sabernos cuidadas por el sistema de salud, sentirnos tenidas en cuenta…

La invité a mi casa. Adriana me siguió y entre mates y galletitas oreos, llena de pañuelitos de papel arrugados me contó la historia de su vida.

Así se nos hizo la hora del segundo colectivo, y corrimos juntas para alcanzarlo. El chofer nos sonrío y paró cómplice a mitad de la calle. Me quedé con la mano en alto, con el viento del lago secando mis lágrimas y una sonrisa forzada en la cara.

Pero hay salida, me dije.

En el acto activé mi red de mujeres solidarias que también militan y trabajan en Junín y en Neuquén para que pudiéramos acompañar a Adriana. Teníamos su celular y sus ganas de recibir ayuda.

A diario le seguí el pulso de su vida con mensajes de texto que le indicaban un turno, un médico, una trabajadora social, una psicóloga, una visita de domingo sólo para abrazarnos.

Justo ayer, sábado, recibo en pleno camino de los Siete Lagos en este otoño magnífico un mensaje:

-“Hola. Le cuento que la panza está bien y creciendo mucho. Le deseo felices pascuas. Y si no contesto a veces es porque no tengo crédito. Un beso. Adriana.”

Los socorros, en ocasiones, germinan de manera inesperada. Y el amor entre las mujeres sigue siendo revolucionario.

Este relato forma parte de la sección “Socorristas en red- Relatos de feministas que abortamos”, un emprendimiento conjunto de Comunicación para la Igualdad y Socorristas en Red para poner en palabras las prácticas del acompañamiento del aborto y el aborto mismo. Dicen las socorristas: Elegimos escribir, elegimos compartir esas escrituras a modo de gesto político, para hacer que las palabras sigan diciendo algo, para seguir aportando pensamientos y acciones que nos hagan más inteligibles y visibles las prácticas de abortar, para saber más y mejor acerca de cuál es la ley que instalan las mujeres cuando abortan… para insistir e insistir…”

 

3 Comentarios

  1. ¿Vieron que no hace falta abortar? Lo importante es cuidar la vida del niño por nacer…

    http://surferpunks.blogspot.com.ar/2012/09/geometria.html

  2. Julieta Lanteri:

    Pienso que las mujeres sostenemos este mundo con nuestros ovarios, está visto no sólo en esta maravillosa historia que dá cuenta del poder de la sororidad femenina tanto para proteger a nuestras hermanas del riesgo de muerte en un aborto inseguro como para apoyarla si decide traer una hija/o al mundo con toda la responsabilidad que eso implica.

    Me emociona y agradezco que existan estas maravillosas socorristas y me dá verguenza ajena el comentario liviano, obtuso y misógino que asevera que no hace falta abortar.

    Sería bueno que Alan se aboque a solucionar el problema del hambre, explotación sexual , abusos de toda índole de millones de niñas/os NACIDOS que NO ESTÁN SIENDO CUIDADOS EN LO MÁS MÍNIMO EN TODO EL MUNDO.

    Y que publique veinte mil comentarios horrorizado y se rasgue las vestiduras a diestra y siniestra por sentirse avergonzado de las altísimas cifras que demuestran que sus congéneres DESCUIDAN TANTO LA VIDA NACIDA QUE NI LOS ALIMENTOS PROVEEN A SUS HIJXS.

    ” Muy por el contrario —y a pesar de que la Argentina definió la violencia económica/patrimonial contra las mujeres en la Ley 26.485 y tipificó como delito el incumplimiento con la responsabilidad alimentaria—, solo 3 de cada 10 sentencias de alimentos se pagan y existen únicamente 7 hombres cumpliendo en la actualidad condena por este delito en todo el país.

    Claudia Hasanbegovic, docente de la Universidad de San Martín, doctora en Políticas Sociales y abogada, agrega: “Mientras, más de un millón de madres jefas de hogares monomarentales a cargo de hijos pequeños cargan en sus espaldas la doble traición: la irresponsabilidad paterna y la negligencia/complicidad del Estado que permite su impunidad. El 10% de la población argentina está conformada por estos hogares, y constituyen la parte más empobrecida de la sociedad, siendo el no pago de alimentos un factor de su empobrecimiento”.

    • Jorge A. Valinotto:

      Este relato es , justamente lo que para mi, debería promover la despenalización del aborto. Porque? Porqué quita el temor a recurrir a ayuda. Con el aborto penalizado las decisiones se toman en soledad, con vergüenza, con miedo, no se mide el valor de una vida por nacer y finalmente se recurre al lugar clandestino donde se interrumpe la nueva vida y corre peligro, también, la vida de esa mujer, muchas veces niña.
      La legalización del aborto permitiría evitar muchos abortos, al contrario de lo que alegan muchos antiabortistas.
      Es mucho más complejo el tema, pero la conclusión es que yo porque estoy absolutamente en contra del aborto estoy a favor de la legalización del mismo..

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