Ser socorrista primeriza

Por Paula Satta (desde La Plata)

Tercer plenaria Socorristas en red (feministas que abortamos) en Neuquén, Febrero 2014.

Tercer plenaria Socorristas en red (feministas que abortamos) en Neuquén, Febrero 2014.

 

Mi vida pasa por el aborto, le escribo a una amiga. Qué paradoja, murmuro. Desde que tengo el celular mis días se suceden entre protocolas y miradas compulsivas al aparatejo azul y negro cada diez exactos minutos para chequear la señal y el color de la pantalla, de negro a vibrante azul es una llamada entrante, si el fondo se torna gris se convierte en reloj analógico.

Unos cinco días entre sueños entrecortados sobre semanas de gestación, mensajes desesperados mezclados con una voz tranquila que exclama muy firme que aborta porque quiere y llamadas a médicas que desafían a la corporación mientras de guardia dan indicaciones puntillosas para socorristas primerizas.

Y cada vez que me acuesto para dormir la siesta suena el teléfono, ¿será la ley de Murphy? Más bien me convenzo que es la ley de las mujeres, la ley de nuestra vida, que escribimos con ese llamado que suena a las cuatro de la tarde cuando yo acabo de conciliar el sueño. Las mujeres abortamos aunque el Mundial inunde los titulares de los diarios y también acompañamos aunque no haya actividad posible que pueda pactarse para el partido contra Nigeria. Y como algunas cuantas somos también futboleras disfrutamos de la picada con la cerveza en una mano y el aparatejo en la otra, mientras aprovechamos el entretiempo para llamar a una socorrida.

No solo festejo el triunfo de Argentina. Festejo que la maternidad sea elegida. Porque en este mejunje de sensaciones que es mi sentir recuerdo mi clase de yoga y la voz calma que dice “a mayor tensión mayor relajación” y pienso si hay mejor ejemplo que ese primer shock al ver las dos rayitas que finaliza entre blisters, decisión consumada y alivio.

Abortar los miedos y los mitos para delinear la propia vida, sola, acompañada, trabajadora, estudiante o ama de casa, con hijxs, sin hijxs, en fin, tomar las riendas, darles un sacudón, y redoblar la apuesta, no sólo afirmar mi cuerpo es mío, sino también soy artesana de mi vida y el destino que construyo, planeo, moldeo, borro, maldigo y desdigo. Porque siento cómo las voces de quienes deciden por ellas mismas y su vida futura, que es afirmación presente, transitan la línea telefónica que sostengo y porque acompaño el deseo como forma de vida. Me convenzo de mi frase inicial. Abortar es dar vida.

* Este relato de socorro fue escrito en junio de 2014 (en días de mundial de futbol).

Este relato forma parte de la sección “Socorristas en red- Relatos de feministas que abortamos”, un emprendimiento conjunto de Comunicación para la Igualdad y Socorristas en Red para poner en palabras las prácticas del acompañamiento del aborto y el aborto mismo. Dicen las socorristas: Elegimos escribir, elegimos compartir esas escrituras a modo de gesto político, para hacer que las palabras sigan diciendo algo, para seguir aportando pensamientos y acciones que nos hagan más inteligibles y visibles las prácticas de abortar, para saber más y mejor acerca de cuál es la ley que instalan las mujeres cuando abortan… para insistir e insistir…”

3 Comentarios

  1. Eutonio Porelorti:

    “En mi cuerpo yo decido pero pagame la pensión/cuita alimentaria”
    CARADURAS!!! HIPÓCRITAS!!!

  2. sofi:

    Interesante,aunque el proceso no es tan poético y bancarse la mirada del otro no resulta tan fácil de sostener

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