“La justicia le hizo la guerra a Ivana”

Ruth Zurbriggen es integrante de la Colectiva Feminista La Revuelta, de Neuquén, una organización que acompañó a Ivana Rosales en su reclamo de justicia y en su dolor todos estos años. Frente a las salidas transitorias de Mario Garoglio, el ex marido de Ivana que casi la asesina en el 2002, Zurbriggen reflexiona sobre la actuación de la justicia en este caso de violencia y los recursos que tenemos las mujeres para enfrentar la misoginia patriarcal y la ausencia- y muchas veces también violencia institucional- del Estado.

Por Susana Yappert, desde Neuquén

COMUNICAR IGUALDAD- ¿Qué hacer entonces frente a esta realidad que acorrala de ese modo a tantas mujeres? La pregunta retumbó estos días en quienes siguen éste como tantos casos cotidianos de violencia hacia mujeres. Ruth Zurbriggen, de la Colectiva Feminista La Revuelta que acompaña a Ivana desde siempre,  mantiene una mirada muy crítica hacia el poder judicial en general, pero ve que hay caminos alternativos para generar cambios, sobre todo desde las mujeres hacia las instituciones. Con ella habló COMUNICAR IGUALDAD.

-¿Qué hacer Ruth frente a casos como el de Ivana Rosales? ¿Cómo se sale de la trampa que siempre la deja en el lugar de víctima, en el de la vulnerabilidad?

En mi opinión y experiencia militante la justicia del poder judicial está empeñada en seguir violentando a las mujeres, a las niñas y a los niños en sus reclamos: los laberintos inmensos (que muchas veces no se logran sortear) y los obstáculos permanentes que hay en cada trámite, en cada notificación, en cada entrevista; el descreimiento, la presunción de que mienten, la puesta en marcha de dispositivos que sospechan de la denunciante (las pericias psicológicas por ejemplo que empiezan sobre quien denuncia) y un largo etcétera viene a ilustrarlo. Esto no significa que no haya en la justicia personas que pretenden otra cosa. Estoy hablando del núcleo duro que se condensa en un accionar lento, violento, sexista, machista, racista y heterosexista.  Las herramientas legales con las que actualmente contamos y que obligan a la justicia a actuar desde otros paradigmas no forman parte aún de las mentalidades y de la cotidianeidad del poder judicial. Hay intentos, pero son lentísimos.

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-Por otra parte, a las mujeres víctima se les pide todo, ser una suerte de heroínas en contramano dispuestas a enfrentar a una institución entera.

Ivana tuvo que apelar a los organismos del Estado, armarse de corazas capaces de soportar la existencia misma, buscarse abogado/a querellante, conseguir trabajo para sobrevivir y sostener a sus hijas e hijo, estudiar y formarse para tratar de explicarse por qué a ella, abrigarse al amparo de amigas y de grupos feministas… Todo, se le pidió todo y más. No hay cuerpo que soporte esa guerra persistente. Y no hay derecho. Me pregunto ¿En qué condiciones subjetivas Ivana buscó justicia? ¿De dónde sacó y saca fuerzas para seguir? ¿Cómo puede tanto? ¿Qué hizo la justicia con ella? Le hizo la guerra, puso a funcionar su pedagogía de la impunidad, de eso no tengo dudas. Y hace poco volvió a darle un mazazo con la noticia de las salidas transitorias de una persona a la que es lícito temerle, porque ya se mostró capaz de todo. En esos tránsitos de reclamo de justicias reparadoras, de reclamos para que la impunidad no se cierna en el escenario social, cultural y político, implica que quienes denuncian tengan que llevar adelante tareas titánicas, pensemos en los esfuerzos de la propia Ivana a lo largo de todos estos años. Y con la carga de esos dolores e injusticias es ella quien tiene que seguir bregando por justicia, de lo contrario los expedientes duermen como si se tratara de atornillados muebles inamovibles…. 

-¿Hay alternativas de cuidado para estas mujeres? ¿Puede este poder judicial tal y cómo está dar respuestas a las demandas de las mujeres?

Qué esperar de este poder judicial y hasta dónde es una pregunta con la que me parece tenemos que movernos todo el tiempo. No para no reclamarles, no para no escracharlos, no para no desmantelar sus lógicas heteropatriarcales, racistas, de clase. Más bien para ser más precisas, más certeras, para cuidarnos, para evitar que a quien transita por estas situaciones se les vaya la vida en expectativas que no van a ser posibles.  Poner en claro esto puede servirnos para crear otros espacios, diría espacios que se ocupen de generar lazos, reflexiones y análisis capaces de de-construirnos y reinventarnos a nosotras mismas. Espacios que hagan de la irrupción de nuevas subjetividades una posibilidad. Espacios y encuentros que vayan más allá de una especie de grupo terapéutico, no porque no lo sean, sino porque los supongo como espacios de horizontalidad y empatías donde podamos revisar cuáles son las trampas históricas y las actuales en las que las mujeres quedamos atrapadas y nos atrapamos todo el tiempo.

-Todo parece indicar que los cambios para ellas sólo vendrán desde ellas.

– Yo confío en el poder de las mujeres, porque tengo confianza en nuestra capacidad de resistencia y rebeldía, porque sé que muchas hemos mutado a lugares antes impensados, porque sé que nos merecemos una vida digna, es que sueño y activo por otras posibilidades de pensamiento y existencia. Espacios que permitan efectos subjetivantes, que emerjan por encima del despojo y el desmatelamiento que implica la violencia de género que se ejerce sobre y contra el cuerpo de las mujeres, efectos subjetivantes que nos permitan la construcción de lazos comunitarios capaces de construir poder entre mujeres para cuidarnos de esos que ejercen violencias y de nosotras mismas, en cierta medida.  Sin dudas todo esto que pienso tiene enormes contradicciones, ya que otra vez nos exige o nos pone a las mujeres en la responsabilidad de proyectar cómo cuidarnos, cómo “salvarnos” de esas guerras cotidianas que vivenciamos; la complejidad del tema no nos deja escapatoria, o pensamos de manera renovada algunos viejos problemas que se presentifican de manera renovada y como una anudada madeja difícil de desarmar (maneras que nos dejan muchas veces atrapadas con distintos ropajes) o no haremos más que naturalizar algunas las respuestas suponiendo que no hay manera de cambiar las prácticas violentas que ejercen varones concretos de este aquí y ahora, y también los poderes estatales y sus instituciones.

Nota central:

Garoglio está libre, la vida de Ivana Rosales podría peligrar

 

1 Comentario

  1. Stella Maris Manzano:

    Qué buena nota! Es bueno contar con espacios como éste, donde se puede escuchar las voces de mujeres comprometidas con el cambio social necesario para que vivamos más felices, como sociedad entera.

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