Ella se lo buscó

El domingo 14 de abril será proyectada en Buenos Aires Ella se lo buscó, la tercera película de Susana Nieri –directora de El Toro por las astas, un filme que recorrió el país a mediados de la década pasada sensibilizando sobre los derechos sexuales y reproductivos-. Esta nueva película habla sobre la violencia de género a través de uno de los casos más duros de sobrevivientes: el de Ivana Rosales, de Neuquén, aplastada casi hasta la muerte por las piedras que le estrelló el marido en la cabeza. La proyección se realizará en el Centro Cultural Tierra Violeta -Tacuarí 538-, a las cinco de la tarde y luego habrá un debate en el que estarán presentes la directora y la protagonista, acompañadas por la filósofa Diana Maffía y las periodistas Luciana Peker y Sandra Chaher. El evento es auspiciado por la Asociación Civil Comunicación para la Igualdad. A continuación transcribimos una entrevista que realizamos a Susana Nieri sobre el film en octubre del 2012.

Por Sandra Chaher

COMUNICAR IGUALDAD- ¿Por qué un hombre apedrea en la cara a su ex esposa hasta casi asesinarla? ¿Es un monstruo? ¿Perdió el control porque tiene problemas psicológicos graves? Ella se lo buscó, la última película de Susana Nieri, explica con claridad docente y pulso de ficción que los monstruos no existen en los casos de violencia de género y que todas podemos ser Ivana Rosales porque cada historia de violencia expresa una dominación y control masculinos, un sentimiento de derecho de posesión sobre las mujeres que trasciende las centurias.

Ella se lo buscó- Ensayo coral sobre la violencia hacia la mujer es la  tercera película de Susana Nieri. La primera fue sobre la comunidad indígena wichi- Sipohi-, la segunda –El Toro por las Astas– sobre los derechos sexuales y reproductivos. Esta es sobre la violencia de género. En el relato del caso de Ivana Rosales –emblemático tanto por la crudeza de la violencia como por la impunidad en su condena y la evidencia de las redes de corrupción estatales- pueden verse todas las mujeres de Argentina víctimas de violencia de género, en su historia está precisado el límite que puede transformar a estas mujeres en posibles víctimas de feminicidio. No se trata del relato de una tragedia –que habla de desenlaces irremediables, imposibles de prevenir- sino de un caso igual a otros miles que podría ser evitado, o al menos reducido notablemente, si la sociedad y el Estado se hicieran cargo de los históricos vínculos patriarcales que sustentan la desigualdad entre mujeres y varones.

Ruth Zurbriggen durante la filmación de la película.

La vida de Ivana pasó del anonimato a la sección de Policiales (donde inadecuadamente suelen ser cubiertos los temas de violencia de género) en abril del 2002, cuando su ex esposo, Mario Garoglio, intentó asesinarla primero ahorcándola con un alambre y luego destrozándole la cara a piedrazos. Poco más de un años después volvieron a los diarios, pero en espacios más reducidos, cuando a él le dieron sólo 5 años de prisión por ese intento de homicidio, atenuado por el hecho de que la noche en que intentó matarla se enteró de que ella había tenido una relación con otro hombre. De todas formas, nunca cumplió la condena. Se fugó. Reapareció recién en el 2010, cuando la causa ya había prescripto en la justicia. Y ahí quedó encarcelado por abuso sexual de menores, una denuncia que había presentado poco tiempo antes la misma Ivana al enterarse que Garoglio habría abusado de las dos hijas de ambos. Ahora él está preso y ella hace tiempo intentó rehacer su vida trabajando en la Municipalidad de Neuquén (ella es de Plottier, a 20 km de esa ciudad) en la coordinación de talleres para mujeres víctimas de violencia, es decir resignificando su propia historia. Hasta ella llegó en el 2009 Susana Nieri, directora cinematográfica que ya había incursionado en los temas de género desde el formato documental con El Toro por las astas, una película estrenada en el 2006 que sirvió para hacer militancia en todo el país a favor de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

El encuentro con la historia

“Yo quería volver a filmar. Desde El Toro… me embaracé, me fui a vivir al sur y me puse a hacer trabajo institucional –recuerda Susana Nieri-.  A finales del 2008 había estado un año criando a Simona y tenia ganas de agarrar la cámara de nuevo. Viedma es un desierto a nivel audiovisual y empecé a investigar de qué quería hablar. Graciela Bianchi, la única amiga que hice en esa ciudad, que trabajaba en el Consejo Provincial de la Mujer, me contactó con un programa de atención a víctimas de violencia del hospital de la ciudad. Empecé a ir de observadora a las reuniones, les conté de El Toro, se las proyecté y nos vimos dos o tres veces más. Fue un lindo acercamiento pero cuando llegó el momento de ver quién daba su testimonio, ninguna quiso. Eran todas mujeres que iban a los encuentros con sus ojos morados, pero ninguna se animó. Me puse a leer mucho sobre el tema y aparece en la zona el caso de Ivana Rosales, de Plottier, muy ligada a La Revuelta. Me contacto entonces con Ruth Zurbriggen que nos pone en contacto a ambas porque Ivana sí estaba dispuesta a contar su historia.”

Asi surgió una película filmada con bajísimo presupuesto y muy poca producción, que logra retratar a través de un caso el ciclo de la violencia y la impunidad que tienen los feminicidas por el amparo del Estado, a veces –como en el caso de Garoglio- por los propios vínculos políticos de los acusados, y siempre por la invisibilización de la problemática específica de género y la discriminación de las mujeres víctimas que hacen jueces y juezas.

La película se presenta como una novela: prólogo, seis capítulos y epílogo. Algunos capítulos son la historia de Ivana, contada en primera persona, y otros entrevistas a especialistas en sociedad, medios de comunicación y justicia que dan cuenta de la red de connivencias que hacen que en estos casos sea tan dura la revictimización del Estado y la sociedad como la de la propia situación violenta, en verdad una trama de complicidades difícil de desanudar.

Yo soñaba con un príncipe azul, que me iba a dedicar a los quehaceres de la casa y a estar siempre linda para él y que mi vida iba a ser tener muchos hijos”. Así empieza Ivana el relato de su vida, que finalmente no fue tan romántica y terminó mucho peor. Conoció a Garoglio en un prostíbulo (ella lo llama cabaret en la película) en el que ella atendía la caja y del cual se quería ir. El, con contactos en las empresas petroleras, le ofreció conseguirle un trabajo como secretaria. Ella aceptó y al poco tiempo él la dejó. Tres meses después volvió y le ofreció matrimonio. Al tiempo de casarse, se hizo evidente que él tenía un vínculo adictivo con el alcohol. “Mi límite fue cuando vi que los chicos al poner la mesa se ponían re mal si no había vino para el padre porque esa noche algo malo iba a pasar” relata. Cuando ella empezó a cuestionar lo que sucedía y a querer autonomizarse a través de estudios, empezó la violencia. En ese momento de la película, se escucha en voz de Nelly Omar “Yo no sé por qué te quiero”: “¿Cómo sin quererme, yo te quiero y te adoro si no me amas, y tus besos sólo espero?/¿Cómo puedo amarte ardientemente si en tus ojos al mirarme veo nieve solamente?/ ¿Cómo tus desprecios y desvíos, digo que son locos desvaríos?”

La noche anunciada

Si Ivana hubiera sabido entonces algo sobre la violencia de género de la que sí conoce ahora, quizá hubiera podido preveer la violencia que finalmente él intentaría descargar sobre ella como una masa con la intención de asesinarla. El ciclo de la violencia va en aumento, cada vez más rápido y potente. Las amenazas que Garoglio le venía haciendo se concretaron el 2 de abril del 2002. Después de tomar un café –ya no estaban juntos-, él no siguió el camino habitual para llevarla a la casa. Aumentó la velocidad y le enroscó la cabeza con un alambre. Intentó ahorcarla y después la sacó del auto y le pegó en la cara con una piedra. La metió en el baúl del auto y volvió e pegarle del otro lado de la cara. Ella perdió la conciencia pero no murió. Y él no tuvo tiempo de asesinarla porque un vecino denunció movimientos extraños a la policía. “Ahí empezó mi guerra judicial –dice Ivana sobre su salida unos meses después del hospital Castro Rendón con la cara minada de cicatrices y una epilepsia nerviosa como epílogo de esa noche-. Me encontré con un Estado que revictimiza y hace tal vez más daño que el golpe.”

Susana Nieri

Susana Nieri

El resultado del juicio, completamente sexista y falto de perspectiva de género, fue que Garoglio fue condenado a sólo 5 año, con el atenuante de emoción violenta, y ni siquiera cumplió eso y se fugó. “Cuando a un varón se le dan cinco años y se lo justifica con ‘emoción violenta’ se les está diciendo a la clase de los varones que pueden seguir golpeando porque no van a ser castigados por eso” dice Ruth Zurbriggen, integrante de la Colectiva Feminista La Revuelta durante le película. “La sentencia tiene claras justificaciones sexistas, como la mayoría en Argentina. Se basa en la conducta y en el pasado de la víctima y jamás en el victimario –dice la abogada Angie Acosta-. Condena a todas las Ivanas que quieren decidir por ellas mismas y aplaude a todos los Garoglios. Y cuestiona un presumible adulterio y dice que puede ser motivo para que un hombre mate a su pareja.” “Pareciera que lo que se cuela en la argumentación jurídica es que el cuerpo de la mujer es de propiedad del varón” observa a su vez la abogada Natalia Gherardi, integrante del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA).

La justicia sexista no es la única cuestionada en la película. Las especialistas también critican la falta de implementación de la Ley 26485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en los ámbitos en que se desarrollen sus relaciones interpersonales, la ausencia de políticas públicas sobre violencia de género por parte del Estado y el rol de los medios de comunicación. “Trabajar con enfoque de género es una opción política de hacer periodismo –dice la periodista Gabriela Barcaglioni, durante un taller que aparece reproducido en el film-. Es poner de manifiesto que las cosas no deben funcionar de la forma en que están naturalizadas y que hay que cambiarlas.”

Epílogo doloroso

La película tuvo dos finales. El primero fue el deseado y pensando por Susana Nieri, el segundo y definitivo el que siguió escribiendo la violencia de género aunque ya no hubiera golpes físicos.

En el primero, Ivana es entrevistada en su espacio laboral, la Municipalidad de Neuquén, donde con la frente alta cuenta a cámara cómo es su trabajo actual coordinando talleres para mujeres víctimas de violencia y que está contenta de que Garoglio esté preso por la denuncia por abuso sexual que ella presentó. Luego, como cierre, una foto con sus tres hijos, dos mujeres y un varón.

Ese primer final fue realizado antes de julio del 2012 cuando Mayka, la hija mayor de Ivana Rosales y Mario Garoglio –y una de las niñas abusadas sexualmente por el padre- se suicidó. El segundo y definitivo final incluye entonces la dedicatoria de la película a Mayka, una placa de despedida de Ivana dando cuenta del suicidio (“… me acompañaste durante 17 años, enseñándome que una sonrisa calma el dolor y que el amor, es la mayor fuente de energía para vivir. Te fuiste sin despedirte, porque sabes que siempre estás con nosotrxs, siempre serás la estrella que nos iluminará, que estés en paz mi princesa) y una frase: “Si al escuchar pudimos comprender qué es la violencia de género entenderemos esta muerte como una consecuencia. Esto también es femicidio.”

Susana no pudo volver a hablar ni ver a Ivana después de esta noticia. “Yo estaba sentada en las sierras de Córdoba cuando me avisaron y me agarró una angustia tan profunda que me quedé sintiendo que la piedra me chupaba. No nos animamos a preguntar cómo fue. Así que este último tiempo fue demoledor. Le escribí un mail y cuando me lo contestó me largué a llorar el doble porque sentí una enorme fortaleza en ella. La misma que se ve en la película: su arco de transformación desde todo lo que le pasó hasta este presente. Ella exuda fuerza en la película, y  lo logró sola, porque el Estado la hizo mierda. Ella esta sola. Y acompañada por las mujeres.” 

Foto: Ivana Rosales durante una marcha contra la violencia de género.

Notas relacionadas: Esperando a la CIDH. 

 

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