El celu está re tranqui…

Por Pupi, desde Neuquén

Nosotras, las “telefonistas” que también abortamos somos la: “Hola ¿las revueltas?”, “Hola Rosa”, “hola señora” (el peor de los nombres), “hola agrupación”, “hola socorro”, o simplemente y a la vez inconmensurable, las “hola me dijeron que usté me puede ayudar”.

Somos las que contenemos el primer desborde, las que absorbemos ese primer querer despedir algo, quitarse algo, esa desesperación que desde ese instante del intercambio telefónico ya empieza a ser aborto. Las que alivianamos la primerísima angustia de esas mujeres y que en ese mismo instante sienten (porque así nos lo hacen saber) el alivio de estar siendo escuchadas, ayudadas, acompañadas. Somos las primeras en advertir la necesidad de ciertos cuidados, de esas palabras que no se dicen, de coordenadas, de puntos y encuentros. Somos las primeras en sentir ese suspiro liviano cuando entendemos lo que nos quieren decir… si hasta les veo el rostro y la sonrisa dibujada. Somos el inicio de un acompañamiento, que ellas no dimensionan y nosotras -a veces- tampoco.

socorrova

Mi experiencia en estos días y entre todo esto, es sentir el andarle al terreno de lo oscuro, de lo que no se dice, de claves, de cuidados, de corridas, de alertas y alarmas. Este terreno que nos deja el señor sistema patriarcal, siendo lo que no somos, en el vacío de los consultorios, en ese lugar que el señor machismo no nos deja decir la verdad y estamos hartas de los silencios, de esos silencios que callan nuestras voces pero que con nuestros cuerpos y saberes sepamos que allí hay algo que es posible. Ese terreno en el que también marcamos presencias fuertes, verdes y violetas, con claros impulsos de intervención, provocación, sin dejar de señalar las violencias agitamos gritos de lo que sí podemos.

Somos ese primer eslabón de una cadena, de una articulación, de una red que se extiende y nos extiende, metida hasta las entrañas, ocupando cada terreno, el más comprometido y primerísimo: el cuerpo. En un bar, en el super, en una plaza, en una orilla y hasta en las olas, andando y sintiendo esos lugares tan finos, a los que a veces pienso son casi abismos. Tejiendo con todas y entre todas, ampliamos las redes como pescadoras en esto que nos empuja, en esto que a veces nos atraganta y que a veces se traga… cintureando el miedo, la clandestinidad, la yuta y la muerte, rescatando estas palabras para delatar el secreto de nuestra cotidiana vida.

Somos mujeres que abortamos, que acompañamos, que no callamos, que contenemos, frágiles a veces, invencibles otras, compañeras hasta las tetas. ¡Somos  hermanas!

Este relato forma parte de la sección “Socorristas en red- Relatos de feministas que abortamos”, un emprendimiento conjunto de Comunicación para la Igualdad y Socorristas en Red para poner en palabras las prácticas del acompañamiento del aborto y el aborto mismo. Dicen las socorristas: Elegimos escribir, elegimos compartir esas escrituras a modo de gesto político, para hacer que las palabras sigan diciendo algo, para seguir aportando pensamientos y acciones que nos hagan más inteligibles y visibles las prácticas de abortar, para saber más y mejor acerca de cuál es la ley que instalan las mujeres cuando abortan… para insistir e insistir…”

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