“Cuando reclamás desde la subalternidad, y no desde los derechos, quizá tenés más éxito porque sos menos peligrosa”

Elizabeth Jelin, socióloga especializada en varios temas, entre ellos género y derechos humanos, está coordinando en el IDES un ciclo que se realiza a lo largo de todo el año durante encuentros mensuales en los que se aborda la agenda de género desde diferentes puntos de vista. En esta entrevista recorre la dinámica de los derechos humanos vistos desde un punto de vista de género, el movimiento de mujeres y los temas de salud reproductiva pendientes. El próximo encuentro del ciclo, sobre violencia de género, se realizará el miércoles 21 de mayo. 

Por Sandra Chaher

jelCOMUNICAR IGUALDAD- Elizabeth Jelin es doctora en sociología e investigadora del CONICET con sede en el Instituto de Desarrollo Económico y Social de Buenos Aires (IDES). Sus temas de investigación son los derechos humanos, las memorias de la represión política, la ciudadanía, los movimientos sociales y la familia, y en 2013 recibió el Premio Houssay a la Trayectoria en Ciencias Sociales, otorgado por el Estado.

Es además autora de un texto sobre derechos humanos y mujeres llamado “Ante, de, en, y?: mujeres y derechos humanos”, publicado en 1994, en el que aborda las tensiones del paradigma de derechos en varios de sus aspectos: entre derechos civiles y políticos por un lado, y económicos, sociales y culturales por el otro, lo cual se vincula a las dificultades de inserción de los derechos de las mujeres dentro de la “agenda grande” de los derechos humanos; en el vínculo entre las mismas mujeres y los derechos humanos, donde se verifica -en países como Argentina por ejemplo- la participación de las mujeres en movimientos de derechos humanos que no necesariamente levantan la agenda de género; entre los derechos individuales y los colectivos, donde se pueden enfrentar los derechos de las mujeres con los que esgrimen muchas culturas para sostener la desigualdad de género y la dominación de las mujeres; entre el derecho a la igualdad y a la diferencia, tema que enfrenta la forma en que el movimiento de derechos humanos muchas veces absorvió la agenda de género sin considerar las particularidades de las mujeres; y la tensión entre lo público y lo privado, tema que atraviesa todas las reivindicaciones de derechos feministas, empezando por el derecho a vivir una vida libre de violencias.

Desde el IDES, organizaron este año un ciclo llamado Corré la voz, no te dejes ser, en el que a lo largo de ocho encuentros, uno por mes, se aborda la temática de los derechos humanos desde diferentes puntos de vista: violencias, medios de comunicación, abuso sexual y trata de persona, entre otros.

En la siguiente entrevista, Jelin analiza el paradigma de los derechos humanos como enfoque teórico, la participación de las mujeres en el logro e implementación de esta agenda y las dificultades de reconocimiento del enfoque de derechos en el área de salud sexual y reproductiva, entre otros temas.

-¿Qué evaluación hacés del actual marco de derechos humanos en relación a temas de género? ¿Te parece satisfactorio? ¿Hay deudas?jel3

-Yo entro a los temas de los movimientos sociales y del movimiento feminista, y al análisis de los derechos sexuales y reproductivos, con una perspectiva no necesariamente jurídica o legalista, sino desde la acción social. Esto significa que me importan las luchas por los derechos y cómo éstos se conquistan. Los derechos que están en los tratados son letra muerta hasta que alguien los retoma y lucha por ellos. ¿Para qué sirven las convenciones internacionales? Hay que ver el empuje que puso tanta gente para conseguirlas. Yo creo que sirven como un recurso más en las luchas de los movimientos, pueden darles legitimidad. Los cambios legales en Argentina han sido impresionantes desde el retorno de la democracia. Aprobar una nueva ley no es tan difícil a menos que haya intereses creados muy fuertes, por ejemplo demoró muchísimo la ley para empleadas de casas particulares por los intereses en torno al tema. El asunto no es tanto aprobar la ley sino ver después cómo se implementa. En general, cuando las normas no se pudieron aprobar es porque hay un actor muy fuerte, la iglesia católica, que bloqueó el divorcio, varios temas vinculados a derechos reproductivos, y ahora bloquea el posible acceso al aborto.

-¿Y cuál es la valoración que hacés de los derechos humanos como enfoque teórico, más allá de las luchas sociales?

-Yo parto de un umbral de igualdad de la humanidad, significa que todos los seres humanos somos sujetos de derechos. La cuestión es cuando las diferencias se convierten en desigualdades y opresiones y en modelos en los que prima la desigualdad del poder. Un enfoque que plantea al ser humano como portador de derechos inalienables nos pone a todos en un pie de igualdad. Desde este umbral está claro que las relaciones patriarcales, donde los de arriba dominan a los de abajo, son incompatibles con los derechos humanos. Hay otras prácticas sociales, como la caridad y el asistencialismo, en las que se ayuda al otro porque es inferior, no se parte de la igualdad. Las acciones desde la caridad cristiana, por ejemplo, muchas veces se hacen para satisfacción de las personas frente a Dios, para salvarse una misma, más que como verdadera ayuda a otra persona. Ahí viene otro punto importante: hay una distancia muy grande entre lo que esta formalmente establecido como derecho y lo que la gente vive como derecho. Los sujetos plantean poco las demandas en términos de derechos. ¿Cuánta gente sabe que el derecho a una vivienda digna es parte de un tratado, de la constitución nacional o de una ley? La gente necesita una vivienda y lo pone en clave de necesidad, y ven a quien otorga este derecho como alguien bueno, no como alguien que cumple con su responsabilidad.

jel4-¿Qué pasaría si esta demanda se hiciera en términos de derechos?

-Colaboraría con la dignidad humana, porque los derechos están ligados a la dignidad. En el caso de las mujeres, ponerse en clave de necesidad puede ser más útil que desde el lado de los derechos: cuando una reclama como madre, por ejemplo, en un barrio pobre diciendo quiero resolver el tema de los chicos, se plantea desde un lugar de subalternidad en el que quizá estereotipás tu situación de mujer y lo planteás desde criterios tradicionales, pero tenés más éxito porque sos menos peligrosa y das más lástima. Para mucha gente es fácil reconocer a otra persona como víctima, provoca empatía.

-¿Cómo es en este sentido tu valoración del movimiento de mujeres?

-Como movimiento social es bastante diferente de otro. Por un lado, tiene sus propias capacidades, no necesita voceras. Los derechos de los niños o de los inmigrantes, por ejemplo, necesitan voceros. El movimiento de mujeres se basta a si mismo. A la vez hay una historia de luchas de las mujeres, aunque nosotras en Argentina llegamos tarde. Cuando en los ‘70 se inició el movimiento feminista en América Latina, Argentina llegó tarde por dos motivos creo yo: por un lado porque después del ’75 –que fue cuando a nivel internacional se hizo la primera Conferencia Internacional de la Mujer en México- acá vino la dictadura. Durante esa época, hubo subculturas, al final recién empezaron a moverse algunas cosas, y lo que hubo más visible fueron madres, abuelas y familiares de desaparecidos. El otro motivo es que al haber tenido una rama femenina tan fuerte del Peronismo, se les dio a las mujeres un canal de participación importante, aunque no en clave feminista y de igualdad, y esto se ve incluso ahora. ¿Por qué dentro del heterogéneo movimiento de mujeres hay planteos que se hacen en clave de derechos y otros que en cambio pasó mucho tiempo hasta que pudieron ser planteados de esta manera? Los derechos sexuales y reproductivos, por ejemplo, antes se reclamaban en términos de salud, no de derechos. Quizà lo que empezó sí como un reclamo de derechos fue el derecho al voto, porque se trataba de un derecho político.

-En los últimos años, los reclamos del movimiento de mujeres parecen hacerse todos desde la vulneración de derechos.

-Hoy pasaron 40 años de la Conferencia de México. Y para llegar a México, el movimiento de mujeres había trabajado mucho antes. Hoy hay 40 años de reconocimiento de los derechos de las mujeres: lo que en el ‘75 se balbuceaba, en el ‘85 se dijo en la Conferencia de la Mujer de Nairobi y en la de Beijing del ’95 se vociferó. Hubo todo un movimiento internacional y regional con logros enormes como la Convención de Belém do Pará. Estos tratados se convierten en recursos y uno los aprende a usar. A mi me gusta pensar que contamos con una caja de herramientas y elegimos usar una u otra. Las marchas por ejemplo, siempre fueron habituales para nosotras. Y ahora estamos conociendo más los recursos del derecho internacional, porque además las pioneras tuvieron éxito.

-El tema es cómo implementar los tratados, que pasen a la práctica concreta de la vida de las mujeres en cada país, en cada ciudad.

-Claro, puede demorar muchísimo. Y ahí los medios de comunicación son fundamentales. En esa caja de herramientas del movimiento tenés movilizaciones colectivas y formas de acción colectiva, y el lugar de hacer públicas las vejaciones y las demandas. La parte de la denuncia. Hay una responsabilidad de los medios de hacer las denuncias cuando no se cumple y de comunicar los logros cuando esto sucede. La acción del periodismo no es una acción colectiva, una marcha, pero si una acción pública.

-¿Cómo evaluás el avance de los derechos humanos de las mujeres en lo que va de este siglo en Argentina? jhel2

-Los avances de derechos de estos últimos años tienen que ver con que hay gente que reclama, pero no necesariamente con que el gobierno haya avanzado en este tema, ya que la presidenta no tiene perspectiva de género. La moratoria jubilatoria, por ejemplo, beneficia principalmente a las mujeres, pero no fue pensada en clave de género. Es decir, hay políticas públicas que no fueron pensadas en clave de género, pero luego aparece la demanda.

-Sin embargo, en el marco de un proceso de ampliación de derechos en los últimos años fueron sancionadas leyes y puestas en marcha políticas públicas vinculadas a género.

-Cuando hay un compromiso amplio de un gobierno con los derechos humanos, como sí hubo en estos últimos años y que también tuvo Alfonsín, una puede pensar que aunque quieras restringir la noción de derechos humanos a los derechos civiles y políticos en épocas de dictadura, como la noción que circula de los derechos humanos en el mundo es otra, hay otros sectores que van a tomar ese marco. Esto pasa también hoy con los pueblos originarios, que dicen “tenemos derechos” y no se los puede desautorizar porque el marco del Estado es un paradigma de derechos, aunque tengas zonas como Chaco y Formosa con políticas sordas de exterminio.

-¿Qué creés que falta a las mujeres argentinas en términos de derechos?

-Yo creo que hay que pensar los derechos de las mujeres en campos con trayectorias diferentes. Los derechos civiles son los más fáciles de reconocer por parte de los estados: reconocernos como propietarias, adultas que no debemos pedir permisos; en este área hay algunas restricciones pero se avanzó bastante si pensás que 80 años atrás  las mujeres éramos propiedad del padre y después del marido. Luego están los campos de derechos vinculados al matrimonio y las uniones y por últimos los derechos reproductivos. Hubo menos resistencia a cambios en legislación matrimonial, incluso aceptando el divorcio, que en derechos reproductivos. Ahí hay intereses y un campo ideológico muy fuerte. En América latina la iglesia es muy fuerte. ¿Qué más puede haber para que no salga una ley de acceso al aborto? No lo sé. A veces este tema me hace acordar a los viejos trabajos de Engels sobre familia, propiedad y estado: él vincula el surgimiento de la familia monogámica con la propiedad privada: el capitalismo debe asegurarse que los hijos son propios para garantizar la herencia, y eso se asegura controlando la sexualidad de la mujer.

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Ciclo “Corré la voz, no te dejes ser”

 

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