A favor de la inclusión digital de las mujeres

Entre el 13 y el 18 de octubre se realizó en Santo Domingo, la capital de República Dominicana, la XII Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe convocada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Estas conferencias, que se realizan periódicamente en la región, focalizan en un tema sobre el que el organismo considera que debe realizarse incidencia sobre los gobiernos para el logro de la igualdad de género. El tema de este año fueron las nuevas tecnologías de la comunicación y la información y la inclusión desigual de mujeres y niñas en su utilización y aprovechamiento.

cepal1COMUNICAR IGUALDAD- El Consenso de Santo Domingo–documento final de la XII Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe convocada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) semanas atrás en Santo Domingo, República Dominicana- señala como un aspecto prioritario para el desarrollo inclusivo de los países de la región que se fomente la autonomía económica de las mujeres y su plena participación, en condiciones de igualdad, en todas las esferas de la sociedad y en todos los procesos de toma de decisiones vinculados en particular a las nuevas tecnologías de la comunicación y la información (TIC).

Para colaborar en el acuerdo sobre el Consenso –que aborda la  desigualdad en las TIC pero también en otros ámbitos como la economía, los derechos sexuales y reproductivos y la participación política, entre otros- la CEPAL realizó la investigación Mujeres en la economía digital: superar el umbral de la desigualdad en la que pone en cifras la desigualdad de género en el acceso pero sobre todo en la utilización de las TIC.

De acuerdo al informe:

- Las mujeres en América Latina y el Caribe usan menos Internet que los hombres, lo cual limita su desarrollo personal y laboral, así como el crecimiento económico.

- La brecha digital de género es más grande en áreas urbanas que rurales y afecta principalmente a las mujeres de mayor edad de todos los niveles educativos.

- La brecha de género en su uso se redujo solamente en Brasil, México y Uruguay. En las demás naciones, la diferencia en el uso de Internet entre ambos sexos se amplió, y es de un promedio del 8,5%.

- La desigualdad solo se revierte en el caso de las mujeres asalariadas, que muestran tasas de uso de Internet superiores a las de los hombres.

- A su vez, surgen nuevas brechas relativas a la intensidad de uso, las habilidades tecnológicas o los objetivos de usos diferenciales –lo que se llama brecha digital de segunda generación-, que posicionan a las mujeres en situación de desventaja frente a la tecnología, pese a que los usos que ellas le dan (salud y educación, entre otros) tienen mayor impacto en términos de bienestar social de la población.

- Hay a la vez una participación más baja de las mujeres en las ocupaciones vinculadas a las TIC, un factor muy relacionado a la menor vocación de estas por la informática, la matemática y las ingenierías. Esto deriva en la producción de contenidos digitales con un alto grado de sexismo, cuya máxima expresión se encuentra en la industria de los videojuegos, donde es recurrente la representación de mujeres como objetos pasivos y sexuales, y de hombres como sujetos activos y violentos.

Esta desigualdad motivó que el Consenso de Santo Domingo tenga recomendaciones centrales en relación a la necesidad de que los gobiernos promocionen políticas públicas con ceal2perspectiva de género destinadas a incluir a mujeres y niñas -en todas sus diversidades culturales, físicas y étnicas- en la apropiación de las TIC tanto en lo que hace a su utilización como herramienta como a la inserción de las mujeres en la industria tecnológica de desarrollo de las mismas.

Algunos de los acuerdos logrados fueron “diseñar acciones para la construcción de una nueva cultura tecnológica, científica y digital orientada a las niñas y las mujeres”; “potenciar la inclusión de la perspectiva de género como eje transversal de las políticas públicas de desarrollo productivo”; fomentar medidas legislativas y educativas para erradicar y penalizar contenidos sexistas, estereotipados, discriminatorios y racistas en los medios de comunicación, software y juegos electrónicos; apoyar la utilización de las TIC y las redes sociales como recursos para prevenir la violencia contra las mujeres y mejorar la eficiencia y la calidad de los servicios de salud.

El debate sobre las políticas de cuidado como contrapartida

En un excelente video realizado por Lucy Garrido para la apertura de la conferencia de la CEPAL se señalan –en un tono didáctico, sencillo y divertido- cómo el acceso, pero sobre todo la utilización de las TIC se vinculan a otros problemas inherentes a la desigualdad de género.

No podremos reducir ninguna de las dos brechas digitales de género si las mujeres somos más entre las personas analfabetas y entre quienes saben menos inglés; si la violencia simbólica nos sigue instalando en un rol limitado en relación a nuestra posible utilización de las TIC y su desarrollo; y, lo más importante, si por esta misma violencia simbólica seguimos siendo las principales responsables de las tareas de cuidado, ya que ésas 2 ó 3 horas más por día que las mujeres dedicamos al cuidado de personas dependientes y a las tareas reproductivas sin remuneración, es tiempo que perdemos para la actualización tecnológica.

En este sentido, el Consenso de Santo Domingo retoma los acuerdos de Consensos de conferencias anteriores de la CEPAL, como el de Quito (2007) y Brasilia (2010) y vuelve a señalar que el cuidado debe ser reconocido como un derecho de todas las personas y, por lo tanto, una responsabilidad que debe ser compartida por hombres y mujeres de todos los sectores de la sociedad, las familias, las empresas y el Estado.

cepal3Derechos sexuales y reproductivos y mujeres indígenas

Durante la XII Conferencia se abordó también la problemática específica de discriminación que sufren las mujeres rurales e indígenas. Fue presentada la investigación Mujeres indígenas en América Latina: dinámicas demográficas y sociales en el marco de los derechos humanos que analiza la situación de las mujeres indígenas en nueve países de la región: Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Nicaragua, Panamá, Perú y Uruguay.

Allí se señala, entre otras desigualdades, que menos de 15% de las jóvenes indígenas de 20 a 29 años lograron terminar el nivel escolar secundario en siete de los nueve países analizados; que la maternidad adolescente (de 15 a 19 años) sigue siendo mayor entre las jóvenes indígenas de todos los países analizados, con un rango que va entre casi 12% en Uruguay a 31% en Panamá; y que la tasa de participación económica de las mujeres indígenas está muy por debajo de la de los hombres e incluso de la de las mujeres no indígena: por ejemplo, en Panamá la tasa de participación económica es de 19,3% entre las mujeres indígenas y de 44,4% entre las no indígenas y en Colombia los porcentajes son de 20,9% contra 36,1% y en Costa Rica de 27,4% versus 36,3%.

Por último, pero no menos importante, el Consenso de  Santo Domingo retomó el Consenso de Montevideo-realizado en esa ciudad uruguaya en agosto de este año y considerado de avanzada por el compromiso que tomaron los Estados de la región en relación a los derechos sexuales y reproductivos-, señalando la necesidad de que en los países en los “que el aborto es legal o está despenalizado en la legislación” esté garantizada “la existencia de servicios de aborto seguros y de calidad para las mujeres que cursen embarazos no deseados y no aceptados”. 

 

Post a Comment

*
* (will not be published)

Más Populares

VER MAS